Os Livros Ardem Mal

Pietà perversa (II)

Posted in Comentários by Pedro Serra on Domingo, 05-10-2008

Probemos, ahora, una lectura del siguiente poema de la impresionante poeta catalana María Mercè-Marçal (1952-1998):

 

Cada dona adora un feixista…

Sylvia Plath

 

Aquella part de mi que adorava un feixista
-o l’adora, qui ho sap!
jeu amb tu, jau amb tu.

No l’espanta la tomba. Cridada des de sempre
al domini més fosc,
mor amb tu, i viu de tu.

Ofrena tremolosa, no sap sinó seguir-te
i arrapar-se al teu mal
com al port més segur.

Medusa desossada, allò que de mi resta
malda per completar-se
sense tu, lluny de tu.

El bisturí vacil.la. Qui em viu a l´altra banda?
I com podré pensar-te
com si jo no fos tu?

 

 Si Larubia-Prado y Vilarós acotan, en la imagen publicada en 1984, al dictador en su condición, digámoslo así, de padre y patriarca (admitamos que tal condición es la hipóstasis del enfermo, el in firmo, el que perdió vigor, el que es casi cadáver pero aun no del todo), la emergencia de la enfermera en el teatro visual disloca ese pater noster a la condición de hijo. La Pietá perversa repone el vínculo materno-filial allí dónde pudiéramos leer tan sólo la generación paterno-filial. En la Pietá perversa el Franco patriarcal -el padre de la nación española y, por ende, de la enfermera- es conmutado por el establecimiento de una tensión con la enfermera en el papel de madre, y Franco en el de hijo. En este sentido, quizás pudiéramos reconducir la compleja retórica del tiempo generativo constelado en la fotografía “La agonía de Franco” convocando la poesía de María Mercè-Marçal (MMM), poesía verdaderamente mayor en lengua catalana, que hacia ese mismo año de 1984 habrá encetado la escritura del poemario Desglaç.

Activista del nacionalismo y del feminismo catalán, en la obra de MMM podemos “localizar” las aporías productivas y los colapsos del proyecto emancipador de las mujeres en ese cronotopo transicional que fue también el suyo. MMM, en tanto poeta que es “mujer”, “catalana” y de “clase obrera”, su proyecto personal y político es casi simultaneo al de una Adrienne Rich, cuyas influyentes “Notes Toward a Politics of Location” (1984) son predicadas bajo la conocida ecuación de que “lo personal es lo político”. Digamos, además, que la enfermera anónima pudiera ser descrita por lo que MMM decía de si misma en tanto persona autoconsciente del lugar social heredado: “mujer joven sin personalidad, colonizada y sin lengua”. Llengua abolida, justamente, el título de su poemario publicado en 1989 (reúne su producción lírica del 73 al 88), un título que referencia tanto la tópica de la mujer muda como la realidad histórica de la persecución y proscripción de la lengua catalana.

Abreviando mi argumento, considero que la obra poética de MMM es también un lugar de intensidades que nos devuelven la dificultad del cambio, la dificultad de la Transición -lo que Eduardo Subirats nombró como intransiciones– en tanto que no fue algo “exterior” a los individuos. Subrayo: la dificultad del cambio radicó en los individuos mismos; la tensión de emancipación desplegada por una poeta mujer pasa por la noción y el agon, encarnados por MMM, de que mediar un proyecto emancipador en función de la complejidad intrínseca al rol “poeta mujer” se enfrenta a bloqueos y fracturas “interiores”. MMM, como Sheila Rowbotham (convocada por Rich en el ensayo supra citado), responde con su obra poética, en tanto proyecto estético y político (quizás mejor: político porque tensionado prioritariamente por lo estético), pudiera haber formulado: “Parte de esa dificultad soy yo misma”. Acometo sin más preámbulos, aunque son sin duda necesarios, a la dificultad agonizada en la poesía de MMM. Ella no es otra que la que tenemos en el poema de la primera sección de Desglaç que lleva como epígrafe unos conocidos versos de Sylvia Plath, “Every woman adores a fascist”. Convengamos, por cierto, que esta es una poeta, y este es un poema -“Daddy”- que pudiera servir para tratar del predicamento de una lectura feminista de ambas poetas. Sea como fuere, el poema de MMM, como el de Plath, son respuesta luctuosa a la muerte del padre, son trabajo de luto en clave poética. Antes de avanzar en la lectura, reproduzco la traducción al español llevada a cabo por Clara Curell:

 

 

Toda mujer adora a un fascista…
Sylvia Plath

ESA parte de mí que adoraba a un fascista
-o lo adora, ¡quién sabe!
yace contigo, pace contigo.
 
No le espanta la tumba. Llamada desde siempre
al reino más oscuro,
muere contigo, y vive de ti.
 
Ofrenda temblorosa, sólo sabe seguirte
y aferrarse a tu mal
como a un puerto seguro.
 
Medusa deshuesada, lo que queda de mí
lucha por completarse
sin ti, lejos de ti.
 
El bisturí vacila. ¿Quién me habita ahí afuera?
¿De qué forma pensarte
como si yo no fuese tú?

 

En el programa poético de MMM pulsan las tensiones de la agenda feminista, pautadas por las claves de Virginia Wolf: “matar el Ángel de la Casa” en tanto “mujer joven en una habitación escribiendo”. Desde el lugar marginal que ocupa (mujer, catalana, poeta, clase obrera) MMM nos dice hacia 1984 en uno poema que el “Punk is not dead”, un punk acaso fantasmal que significará matar el “Ángel” y reponer en su lugar a “Ángela”. Son estos los versos del poema: “Ángel no, sino ángela / rebelde, sin un cielo / que perder o ganar”. Tremendos versos que nos devuelven un sujeto lírico simultáneamente dentro y fuera de un tiempo de redención, es decir, revolucionario. ¿Porqué “sin cielo”, es decir, sin futuro, no future? Porque la “dificultad” es contumaz, y la dificultad no es otra que la dureza del lenguaje heredado, lenguaje marcado por el tatuaje de la “llengua abolida”, la lengua truncada.

MMM se enfrenta, en este sentido, a la ausencia de armas discursivas que permitan: i. superar la determinación falocéntrica del lenguaje; ii. unir bajo un “nosotros” (una clase más que una supuesta naturaleza) prístino las ángelas de la historia. La obra lírica de MMM predica estas aporías: “Y no sé, oscura hija / del mar y del fuego, / qué arma o qué reclamo / puede echar a este viejo / desleal del futuro. / Ni encima de qué puente / de barcas astilladas / el fuego de una ola / nos unirá en la lucha”. Lo político es personal, sí, y en ambos está clavada la imagen de “este viejo desleal del futuro” que, en rigor, replica en toda la primera parte de Desglaç, pero no sólo. El padre muerto. Salir del impase sólo, verdaderamente, con una política del cuerpo -que, por cierto, habría que cotejar con la dominante fisiológica del “teatro feminista francés”- que, en MMM, pasa por el amor lésbico (notoriamente presente en Desglaç en la sección “Contraband de llum”, y no desvinculado de la problemática planteada por el “viejo desleal del futuro”) y por las potentes imágenes de maternidad controversial que abundan en su obra poética.

Es esta maternidad controversial que me permite regresar al poema reproducido. El duelo del padre implica sin contemplaciones en MMM su autorepresentación ontológica -su subjetivación, digamos- y ésta tiene, además, una contraparte política, bloqueando su autorepresentación identitaria. El yo es un tú (como dice el poema, yo soy tú, y el bisturí sólo puede vacilar ante la separación), y ante la ausencia del tú, el yo tiene que activarse como doble, como duplo: hay una parte de mí en ti, que sigue contigo, que muere contigo, y que siendo parte de mí no es completamente yo. La activación del doble, del duplo, no rasura la tensión dialéctica entre el Padre y la Hija, pero sí la redimensiona con un planteamiento que, en fin, podemos asimilar (nota bene: no significa ecualizar) al que tenemos cuando emerge la enfermera en la fotografía de “La agonía de Franco”. El yo que también es tú, achica al Padre, lo incorpora como hijo. Uno de los poemas en que  esto se modula es el que lleva por título “Sobre una pintura de Frida Kahlo”: “Tengo en mi cabeza una cabeza de hombre / -¡matriz sin salida! / Darlo a luz me mata / guardarlo me da la muerte”. ¿Porqué esta “matriz sin salida”? Digamos que este encerramiento uterino del Padre/Hijo interrumpe la violencia de la maternidad (como máquina de reproducción de lo patriarcal y de su lenguaje) y, de paso, corrige toda una mitología que rasura la dominante femenina en la maternidad, atribuyéndola al hombre. Atena hija nacida del cráneo de Zeus, por ejemplo. La imagen del padre achicado en hijo es parte de un programa poético y político de deshielo, es decir, de subrogación de los corsés discursivos que coartan la fluidez de los cuerpos individuales y sociales. Otra cosa no significarán, en fin, los posibles de lectura que se abren respondiendo a la enfermera anónima (por cierto: ¿quién es? ¿dónde está?) de “La agonía de Franco”, imagen que propongo sea leída como Pietá perversa.

 

Pedro Serra

 

Maria-Mercè Marçal (2004). Deshielo, trad. de Clara Curell, Tarragona, Igitur. ISBN: 9788495142276.

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